Lunes, 28 de noviembre de 2005
Ya hemos terminado, por fin, la mudanza. Nos vamos unas calles más abajo, a un pisito que hemos comprado, también por fin. Uno ha vivido en tantas casas, en tantos pueblos, en tantas ciudades, en tantas provincias, es decir, en tantos lugares que ve el cambio domiciliario como algo natural. Uno se ha enamorado y desenamorado en muchos sitios. Uno es un poco nómada en este mundo sedentario de sofá, fútbol, granhermano, centro comercial, telepizza y cerveza fría en la nevera. Uno es un poco gallego en esta Hispaniacataluña que nos toca. O que nos quieren meter así, sin vaselina. Uno —y ahí me duele— no protesta, sino que emigra. Uno es un trocito de varias cosas, pero no es ninguna de ellas.
Quiero decir que uno acaba perdiendo la pertenencia, o, mejor dicho, acaba desprendiéndose de ella. O, todavía mejor dicho, la pertenencia acaba por abandonar a uno porque ella así no puede trabajar a gusto.
Ayer, al terminar de limpiar la casita en la que hasta hace unos días vivíamos, mientras me fumaba un cigarro de despedida, repasé, por encima, los lugares que he habitado. De todos ellos soy un poco, pero no soy de ninguno. Definitivamente, en esta "entelequia" en la que hay que tener arraigo y defenderlo, en la que el lugar de nacimiento se ha convertido en la razón misma de la existencia, no quepo. Aunque se llame nación-de-naciones-con-dos-seguras-y-una-probable-una-de-ellas-constituida-en-estado-libre-asociado-para-poder-tener-una-relación-amable-ya-que-aserejé-ja-dejé-dejebe-tu-dejebe, como dijo Forges.
Menos mal que nos queda Portugal. Y me queda Tino, el señor que limpia los cristales, con quien hablo en gallego sobre nuestros mundos, tan distintos. Él es de A Cañiza y vino de Alemania. Yo no sé de dónde soy, y voy tirando para adelante como puedo.
Por: Duarte Manzalvos | Otras efervescencias | Comentarios (8) | Referencias (0)
A colación de esto que cuentas, la siguiente anécdota:
Hace pocos días, fue muy comentado un exabrupto de Fernando Savater en una conferencia que dio junto a, entre otras personas, Arcadi Espada. No recuerdo el tema de la charla, pero sí que, al parecer, en la rueda de preguntas se levantó un joven ("nervioso", según la prensa) que preguntó insistentemente a Savater sobre la idea de España. Savater, harto al fin, respondió: "La idea de España me la sopla". Espada se mostró de acuerdo, distinguiendo entre una realidad (España) y una entelequia (la idea de etcétera).
Por cierto que ayer, domingo 27 de noviembre, respondió Jon Juaristi desde ABC.
Meursault | 28-11-2005 15:57:42
Duarte | 28-11-2005 16:11:03
Me inquieta la idea de paso que en realidad deberíamos tener sobre las casas (y los lugares en general). Me mudé a los doce años del piso en el que me crié y, cuando volví a visitar a una amiga que vivía en el mismo edificio, encontré, destrozados en un cubo, los azulejos del que había sido el cuarto de baño durante toda mi vida consciente. Unos azulejos que me sabía de memoria, que me habían acompañado en toda clase de circunstacias, estaban hechos añicos. Ese mismo día supe que mi habitación la ocupaba un adolescente fan del tecno y el acid-house y lo consideré un sacrilegio.
Y aunque aprendí la lección muy joven todavía me da grima pensar en los inquilinos que ocupan pisos que yo he alquilado, e incluso en los turistas que pasan por las habitaciones de pensiones y hoteles en los que yo he estado.
Pero el colmo de esta manía la tiene un amigo mío, inglés, para más señas, que no soporta ver como otros ocupan la mesa que deja al irse de un bar.
Es que ya se sabe, los ingleses y su manía colonizadora. En nuestro caso parece que sólo algunos la hemos perdido.
Sí, yo también tengo ganas de hacerme portuguesa.
Feliz mudanza.
Laura | 28-11-2005 19:36:27
Hola Duarte. Comparto los puntos de vista que expresas. Yo le tomo mucho cariño a mis huellas, aunque sean lo más simple del mundo, desde una agenda de notas, hasta una libreta de teléfonos. Desde que nací solo he vivido en tres casas. La de mis abuelos, la de mis padres, y ahora la mía personal. Extraño muchísimo la de mis padres. Allí corrió mi infancia, y cada vez que voy a ese terruño se me aprieta la garganta por las remembranzas. ¡Qué sentido lo que has escrito¡.
Zenia | 28-11-2005 23:03:34
Como gallega emigrante que soy, con bastantes mudanzas a mis espaldas, pienso que hay pisos que he dejado atrás que no me dicen nada, sí, en ellos viví durante temporadas más o menos largas pero no los recuerdo como un hogar sino como un lugar de paso. Sin embargo hay otros que no voy a olvidar porque sus paredes son testigo de momentos imborrables que forman parte de la colcha de vivencias-retales que estoy tejiendo.
¡Disfruta de tu nueva casiña!
sonia | 29-11-2005 09:45:57
blenfes | 29-11-2005 20:39:02
Jo, cuando te leo tengo la sensación de que nos entenderíamos charlando...
Yo espero cambiar mucho de lugar en el futuro, la pertenencia a mí también me ha abandonado, o quizá yo a ella, si es que ese empeño en ser rebelde... Funciono por oposición: me quedo el nomadismo porque el sentimiento de pertenecer a un sitio, a depender así de algo tan "material" me hace sentir esclava. Ya ni guardo con tanto cariño los libros que me han marcado, prefiero llevar todas las cosas y los lugares dentro. Y a veces, hasta pienso que podría ser amiga de alguien a quien dejara de ver, llevar tan dentro a la gente que no hace falta...
Laura, ¡otra cosa en la que tu amigo inglés es opuesto a nuestro M!
Y lo de Mersault... En esto como en muchas otras cosas tiene razón Savater... O, quizá debería decir, tiene sentimiento, un sentimiento que identifico conmigo.
raquel | 05-12-2005 14:29:14
raquel | 05-12-2005 14:31:05
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