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De la paternidad y otras efervescencias

Miércoles, 23 de noviembre de 2005

Tú, que vas tomando forma

(Glosa a una escultura transparente, sin contornos, invisible, apoyada sobre una mesa y que no existe en ningún museo)

El escultor miraba la roca con entusiasmo, creyendo ver en ella un cuerpo de mujer, perfecto, que representara todo aquello que amaba. O, tal vez ―porque esto nunca se sabe―, vislumbrando una forma, pura forma, que lo deleitase. O intuyendo ―¿quién puede averiguarlo?― alguna respuesta a las Preguntas. Se veía a sí mismo como un dios escultor, a la imagen del Dios Alfarero en el que creía, o decía creer. O pensaba que creía. Y se decía, mientras el cincel se hendía en el granito: Saldrá.
Fueron pasando días y fue el artista picando en la piedra, desgastándola, pensando cada uno de los golpes que su martillo daba al cincel. Con cada uno de estos golpes, un trozo del granito se desprendía, depositándose en la base, juntándose con el resto de fragmentos. Y mientras esto hacía, hablaba a la piedra con tono paternal: Tú, que vas tomando forma..., y se callaba las últimas palabras.
Y pasaron semanas desde que el escultor comenzara su obra. Y de la roca original apenas quedaba una piedrecilla que difícilmente se distinguía de lo que se había ido juntando a su alrededor con los golpes del martillo sobre el cincel y de éste sobre la piedra. Colocó el hierro sobre el penedo y, dispuesto a dar los golpes definitivos, le dijo: Tú, que vas tomando forma..., y pronunció las últimas palabras de manera tan silenciosa que nadie que allí hubiera estado habría podido oírlas. Un martillazo más fue suficiente para terminar la obra.
El escultor mira ahora la mesa donde antes había una piedra virgen que poco a poco fue consumiendo. La mesa sobre la que ahora se esparce una cantidad, diríase que infinita, de cristales de granito: cuarzo, feldespato y mica. Sobre la mesa, el escultor tiene, además de la rocalla, todo aquello que ama. O, tal vez, una forma, pura forma deleitable; o quizá tenga, sobre su mesa de dios escultor, a la manera del Dios Alfarero, alguna respuesta a las Preguntas. Polvo ―cuarzo, feldespato y mica― y nada.

Por: Duarte Manzalvos | Paternidad | Comentarios (7) | Referencias (0)

Comentarios

Mmmm... Le quedó absolutamente Perfecto... Cualquier algo es siempre imperfecto. Las grandes Preguntas no se pueden responder salvo con un respetuoso gran Silencio. Y la Pureza no puede ser más que la ausencia de toda impureza material... Me recuerda mucho a lo que colgué yo sobre lo Indeterminado...

raquel | 23-11-2005 14:20:49

Primero lo he leído pensando que teorizabas sobre el amor, luego lo he leído pensando que teorizabas sobre el conocimiento, ahora lo he leído pensando que teorizabas sobre el arte... Supongo que todavía admite más lecturas. Me gusta mucho, voy a volver a leerlo.

Laura | 23-11-2005 19:59:49

SALUDOS DUARTE. ME HA GUSTADO ESTA ESCULTURA ESCRITA QUE HAS DEJADO.
A ESTA ISLA DEL TRÓPICO LLEGÓ EL INVIERNO, PERO ES MUY SIMPÁTICO LO QUE OCURRE. HAY PERSONAS QUE SE VISTEN COMO SI FUERAN PARA EL POLO. JA JA

Zenia | 23-11-2005 20:55:30

Hola! me encantò la claridad con la que escribiste en el blog de aprendiz! bueno ya me detendrè a visitar tu blog. Saludos

Odinghost | 24-11-2005 04:29:19

Este escrito fue el primero de los tuyos que leí, hace más de un año, y me pareció bueno. Sin embargo, ahora pienso que desde entonces has mejorado mucho: los escritos del blog los encuentro más inmediatos, y, por lo mismo, más interesantes.

Meursault -el crítico literario- | 24-11-2005 11:51:15

Claro, Meursault... ¡Como tú ya has superado el existencialismo que a mí me invade...!
Saludos

Duarte | 24-11-2005 14:00:26

Pues yo, desde el trópico bolivariano, estoy de acuerdo con Meursault en los progresos de Duarte y en que lo mejor de ellos -ya los quisieramos para nosotros- están en la des-mediatez de lo que escribe. Imaginaos la paternidad mediata o la paternidad desinteresada. Hay muchas, pero ninguno que la practique ha puesto, que se sepa, un foro para contarlo.

Y pienso yo que Duarte, en su modestia, achaca lo que para Meursault son progresos a que ha superado el existencialismo que a él le invade. Eso no se ya si lo quisiéramos, que entonces estaríamos listos para el viaje en coche negro. Pero lo dejo, que creo que me estoy poniendo existencialista.

Continúa Sarte: Quisiera defender aquí el existencialismo de una serie de reproches que se le han formulado. En primer lugar, se le ha reprochado el invitar a las gentes a permanecer en un quietismo de desesperación, porque si todas las soluciones están cerradas, habría que considerar que la acción en este mundo es totalmente imposible y desembocar finalmente en una filosofía contemplativa, lo que además, dado que la contemplación es un lujo, nos conduce a una filosofía burguesa. Se nos ha reprochado, por otra parte, que subrayamos la ignominia humana, que mostramos en todas las cosas lo sórdido, lo turbio, lo viscoso, y que desatendemos cierto número de bellezas risueñas, el lado luminoso de la naturaleza humana; por ejemplo, que hemos olvidado la sonrisa del niño. Unos y otros nos reprochaban que hemos faltado a la solidaridad humana, que consideramos que el hombre está aislado, en gran parte, además, porque partimos de la subjetividad, y por lo tanto del momento en que el hombre se capta en su soledad, lo que nos haría incapaces, en consecuencia, de volver a la solidaridad con los hombres que están fuera del yo, y que no puedo captar en el cogito.
Y del lado cristiano, se nos reprocha que negamos la realidad y la seriedad de las empresas humanas, puesto que si suprimimos los mandamientos de Dios y los valores inscritos en la eternidad, no queda más que la estricta gratuidad, pudiendo cada uno hacer lo que quiere y siendo incapaz, desde su punto de vista, de condenar los puntos de vista y los actos de los demás.
A estos diferentes reproches trato de responder hoy; por eso he titulado esta pequeña exposición: El existencialismo es un humanismo. Muchos podrán extrañarse de que se hable aquí de humanismo. Trataremos de ver en qué sentido lo entendemos. En todo caso, lo que podemos decir desde el principio es que entendemos por existencialismo una doctrina que hace posible la vida humana y que, por otra parte, declara que toda verdad y toda acción implica un medio y una subjetividad humana. El reproche esencial que nos hacen, como se sabe, es que ponemos el acento en el lado malo de la vida humana. Una señora de la que me acaban de hablar, cuando por nerviosidad deja escapar una palabra vulgar, dice excusándose: creo que me estoy poniendo existencialista. En consecuencia, se asimila fealdad a existencialismo; por eso se declara que somos naturalistas; y si lo somos, resulta extraño que asustemos, que escandalicemos mucho más de lo que el naturalismo propiamente dicho asusta e indigna hoy día. Hay quien se traga perfectamente una novela de Zola como La tierra, y no puede leer sin asco una novela existencialista; hay quien utiliza la sabiduría de los pueblos —que es bien triste— y nos encuentra más tristes todavía. No obstante, ¿hay algo más desengañado que decir “la caridad bien entendida empieza por casa”, o bien “al villano con la vara del avellano”? Conocemos los lugares comunes que se pueden utilizar en este punto y que muestran siempre la misma cosa: no hay que luchar contra los poderes establecidos, no hay que luchar contra la fuerza, no hay que pretender salir de la propia condición, toda acción que no se inserta en una tradición es romanticismo, toda tentativa que no se apoya en una experiencia probada está condenada al fracaso; y la experiencia muestra que los hombres van siempre hacia lo bajo, que se necesitan cuerpos sólidos para mantenerlos: si no, tenemos la anarquía. Sin embargo, son las gentes que repiten estos tristes proverbios, las gentes que dicen: “qué humano” cada vez que se les muestra un acto más o menos repugnante, las gentes que se alimentan de canciones realistas, son ésas las gentes que reprochan al existencialismo ser demasiado sombrío, y a tal punto que me pregunto si el cargo que le hacen es, no de pesimismo, sino más bien de optimismo. En el fondo, lo que asusta en la doctrina que voy a tratar de exponer ¿no es el hecho de que deja una posibilidad de elección al hombre? Para saberlo, es necesario que volvamos a examinar la cuestión en un plano estrictamente filosófico. ¿A qué se llama existencialismo?

Gregorio Olias | 25-11-2005 02:41:53

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