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De la paternidad y otras efervescencias

Viernes, 11 de noviembre de 2005

Duarte contra el mundo (I)

(Y como es un poco largo, si quieres puedes acompañarte de Recado Bossa Nova, de Hank Mobley)

Se me ha terminado el tabaco. Busco a alguien que fume. Éste fuma, me da un cigarro. Le pido, también, fuego. Él me muestra su mechero al trasluz para que compruebe cómo se le ha quedado sin gas. Me dice que no lleva más fuego. Yo tampoco llevo. En mi último incendio —que acabo de provocar hace unos instantes— me lo dejé olvidado en el suelo, junto a las cortinas, al lado de un frasco de queroseno. En la segunda planta, despacho 2-14. Mientras arde el edificio yo sigo en busca de fuego para mi cigarrillo. La gente corre y grita. Incluso quienes yo pensaba que eran incapaces de hacer dos cosas al mismo tiempo. Han debido de llegar los bomberos. Rumorean que varios profesores han sido consumidos por las llamas. Debe de ser cierto. El humo es negrísimo. Entre dos bomberos traen, chamuscado, a un profesor ayudante que no ha querido moverse del despacho y que conserva, milagrosamente intacta, su tesis doctoral en la mano. ¡Oh, milagro!, ¡oh maravilla!, gritan unos. Uno de sus dedos es todavía rescoldo, brasa viva, así que le acerco mi cigarrillo para encenderlo. Disimulo de manera que, más que inclinarme para encender el pitillo, parezca que me acerco para comprobar eso de que ¡no somos nada! Lo reconozco: es Don Churrasco, el profesor que siempre me llamaba la atención por fumar en los pasillos y que, con sonrisa malévola y mirada amenazante, me decía: ¡A ti te quiero ver a partir del 1 de enero!
El edificio ha quedado en nada. De entre las ruinas se oye el chillido de uno de los ratones del laboratorio pidiendo auxilio. Una becaria, sorteando todas las llamaradas que le salen al paso, lo agarra. Al verle la cola y comprobar que no es el suyo, lo tira lejos, al pinar. El de la limpieza lo reconoce (al ratón). ¡Es el ratón de los del Departamento Bioquímica! ¡Lleva inoculado un virus mortal (para la humana gente)! Está escondido entre los pinos. Del parque de El Retiro se traen cien mil gatos a toda prisa. Los sueltan por el bosquecillo para que lo capturen. En minutos, las bajas de los gatos ascienden a noventa y cinco mil. Los cinco mil restantes se rinden y huyen entre maullidos quejosos y ahogados. ¡Hay que quemar el bosque!, ¡hay que quemar el bosque!, se oye. Nadie tiene fuego. El profesor todavía está brasas. Decidimos utilizarlo como detonante incendiario. Como podemos, con cuidado de que no se nos deshaga o desmorone, lo tiramos al medio de la maleza. Se producen rápidamente las llamas. Arde el secarral. Se contagia el fuego. Todo arde. Vuelven los bomberos. El fuego se descontrola y se propaga por entre el personal de servicios, por entre los profesores titulares, por entre un sinfín de becarios, por entre los camareros, por entre los alumnos, por entre los doctores y por entre los interinos, los más inflamables, sin lugar a dudas. Me acerco, antes de que se haga ceniza, a uno de estos interinos para encender otro cigarro que me ha dado el conserje justo antes de que comience a arder, porque también se extiende por entre ellos el fuego. Viene la televisión. No pueden entrevistar a la decana porque ésta se halla a más de 250º centígrados en pleno proceso combustivo. Entrevistan al vicedecano, que está fresco porque hace nada que se ha levantado y porque su loción after-shave, además de hidratantes, contiene provitamina ignífuga. Pero, cuando lleva dichas dos palabras, una bombona de la cafetería que no había estallado, lo hace (estallar) y con la explosión se lleva de cuajo la cabeza del entrevistado. No queda nadie. Se me acerca la reportera. Me pone el micrófono frente a la boca. La miro. ¿Tiene usted un cigarrillo?, le pregunto mientras le guiño un ojo y le sonrío de manera que me brilla un diente de oro que tengo...

(Se me olvidaba decir que la enfermera del equipo médico de la facultad también ha sido pasto de las llamas y arde en una hoguera infernal y pecaminosa).

Y yo contemplo el fuego mientras me río a carcajada limpia, doy palmas con las orejas, hago cabriolas y pego volteretas en el aire. Después me marcho al estanco a comprar tabaco con los 50 euros que me ha pagado la reportera de la televisión por la exclusiva, antes de que le diese un empujón fatal hacia el medio de la hoguera, donde se consume, incluido el micrófono, cuyo cable arrastra consigo irremediablemente al cámara, que también ha comenzado a arder por la parte del objetivo. ¡Malditos! ¡Jajaja!

Por: Duarte Manzalvos | Otras efervescencias | Comentarios (9) | Referencias (0)

Comentarios

Literatura punk pura y dura. Y escrita en menos de 10 minutos...

Se me vienen a la mente dos canciones, "London's burning", de los Clash, y "Babylon's burning", de los Ruts. ¡Todo arde!

Y una frase que Ismael Merlo se repite en sueños, en "La caza", de Carlos Saura: "Que quemen esa cueva... que quemen esa cueva...". En esa cueva hay un esqueleto de cuando la Guerra Civil.

Y más tarde, en la misma película: "Nos vamos a asar todos, aquí encerrados...". La frase cobra un sentido especial si tenemos en cuenta que los personajes están "encerrados" en una inmensa llanura semidesértica.

Meursault (en plan escritura automática) | 11-11-2005 12:17:45

Ardo en carcajadas...
besos, psicopirómano¡.

blenfes | 11-11-2005 12:21:49

¿un mal día, tal vez? ;)

javi brasil | 11-11-2005 19:07:37

¡Genial!

Laura | 14-11-2005 23:06:19

Hay fuego en mi oficina,
Huele a gasolina,
Me muero de risa

Fuego en mi oficina (091)

nopisto | 15-11-2005 18:21:10

Miedo.

raquel | 17-11-2005 20:22:23

Es divertido, Duarte.

Nani | 18-11-2005 08:27:03

ES FAFULOSO, PARECE UN CUENTO PERO CON MUCHO SENTIDO DE ESPRESAR LAS COSAS. DE LA VIDA COTIDIANA, QUE NOS SUCEDE ( COMO SON Y SOMOS )
" COMO, CUANDO ,DONDE " SIGUE ASI Y DALE ESE TOQUE DE HUMOR,((( QUE MERDA DE VIDA, PRA CHEGAR SEMPRE O MISMO LUGAR ))(::::::::::::::)) """"

Manuel | 04-12-2005 01:47:43

Han pasado ya unos meses, lo vuelvo a leer y me parece aún mejor.

Lo tengo guardado en el ordenador. Para días como hoy...

Emma | 29-01-2007 11:25:32

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