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De la paternidad y otras efervescencias

Jueves, 29 de septiembre de 2005

El Eclipse

(Augusto Monterroso, 1921-2003)

Por si acaso el lunes...





Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido, aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

Por: Duarte Manzalvos | Favoritos | Comentarios (4) | Referencias (0)

Comentarios

SALUDOS DUARTE. ¡QUÉ INTERESANTE¡ EL HOMBRE SIEMPRE HA TRATADO DE EXPLICAR CON MITOS AQUELLO QUE SUS CONOCIMIENTOS NO ALCANZAN A ENTENDER.
AÚN EN NUESTROS DÍAS PULULAN UN MONTÓN DE MITOS MUCHOS DE ELLOS PERSIGUEN CREER EN LA ETERNIDAD.

zenia | 30-09-2005 21:10:01

¡Cómo son los adolescentes! Acabo de leer el cuento en un 4º de ESO y sólo lo han entendido cinco personas (de treinta). Me da pena que no sepan pensar, reflexionar, relacionar...
Cambiando de tema, creo que el eclipse no sólo afecta al ciclo vital de los pájaros (cierto es, lo he visto con mis propios ojos, que en la fase anular del eclipse, las palomas, los mirlos, los grajos y demás fauna aviar de los eucaliptos que tenía frente a la ventana han dejado de volar y de cantar, buscando cobijo en estos árboles durante algunos minutos), decía, que creo que también le ha afectado al "pequeñito" porque apenas se ha movido durante el eclipse, cuando todos los días a esa hora está muy despierto, recordándome con sus dulces movimientos que está conmigo.

Vir | 03-10-2005 12:29:20

Eso habrá sido porque también entendió el cuento... ;-))

Duarte | 03-10-2005 15:59:58

A mí, el único eclise que me interesa es el de los corrutos...

Pepiño Blanco | 04-10-2005 12:50:19

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