Lunes, 05 de septiembre de 2005
V me despertó en mitad de la noche con un sobresalto.
—¡Mira, mira, aquí está!
—¡Dios! ¡Pero si todavía le quedan tres meses! ¿Qué ha pasado?
—No lo sé. Creo que se ha salido durante la noche. Tal vez de darme tantas vueltas... No sé. ¡Mira qué guapo...!
—Sí, qué lindo. Pero ¿qué vamos a hacer?
—Pues podemos limpiarlo un poquito, le damos un biberón y luego, sin que nadie se entere, lo volvemos a meter en su sitio.
—¡Como se entere el ginecólogo, ya verás qué bronca nos echa! ¡Qué despierto parece! ¡Espera, que traigo la cámara!
—Yo voy a prepararle un biberón. ¡Pero si todavía no tenemos biberones!
—Pues debe de tener hambre. ¿Qué hacemos?
—¿Aviso a mi madre?
—¡Déjate, déjate! Es mejor que no se entere nadie. Mejor que lo metamos ya en su sitio y sigamos durmiendo.
—Sí, mejor será.
—Oye, que ahora no cabe.
—¡Madre mía... Verás el médico...!
—¡Vaya lío...!
No fue una pesadilla, porque resultó ser un sueño agradable. ¡Qué cosas más raras pasan!
Por: Duarte Manzalvos | Paternidad | Comentarios (3) | Referencias (0)
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com