Jueves, 01 de septiembre de 2005
El otro día, dando una vuelta al atardecer por el pueblo, nos encontramos con una chica que estaba paseando con su niña de cuatro años. Guapa a rabiar y muy espabilada, como todas las niñas. Le echamos unos buenos y justos piropos delante de su madre y, en vez de que a ésta se le cayese la baba, nos dijo que eso de que fuese tan despierta, tan viva y tan lista los había puesto a ellos (madre y padre) en un compromiso más de una vez, porque "es que no se puede decir nada delante de ella, que lo casca todo... Y, fíjate tú... Tenemos una conversación sobre alguien y ¡luego hay que tener un cuidado...! Mira que el hermano es discretísimo, ¡pero ella! Yo no sé qué vamos a hacer...".
Yo me mordí la lengua, pero imagino que la solución pasaría por no ser cotilla delante de la niña. O, simplemente, por no ser cotilla.
¡Hay que ver, los padres!
Por: Duarte Manzalvos | Paternidad | Comentarios (4) | Referencias (0)
jajajaja con su inocencia, los niños muchas veces ponen a los mayores "en su sitio". Sí.
:-) saludos!
al | 02-09-2005 12:07:45
almena | 02-09-2005 12:09:07
Duarte | 02-09-2005 12:10:34
SALUDOS:¡Qué casualidad¡ Acabo de colocar un post sobre los piropos que se escuchan por acá. Los hay muy ingeniosos, otros un poquito picantes, pero forman parte de nuestra cultura.
¡Qué gracioso tu comentario sobre la niña avispada¡
Zenia | 02-09-2005 19:47:03
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