Lunes, 22 de agosto de 2005
No soy de pueblo, sino de aldea.
No había más columpios que una rueda desgastada pendiente de un castaño por dos cuerdas de esparto y los que mis abuelos tenían en su huerta para disfrute de mi madre y mis tías en su niñez, y mío y de mis primos y hermanos en la nuestra. Éstos eran ya de hierro, bastante cómodos, y estaban colgados por cadenas. Pasada la infancia y rotas las cadenas, ante la falta de más niños que los disfrutasen, sirvieron durante tres lustros como guías por las cuales crecían y se retorcían los kiwis, los primeros que hubo en Galicia —y, por lo tanto, en España—, unos días antes de que se plantaran, también, por la parte de Ponteareas. Hoy, ya ni eso, son un recuerdo infantil de viajes a la Luna: ¡Rabia, rabia, Marco Polo!, cantaba Lorca acerca del tiovivo.
Ayer fuimos a merendar a casa de una amiga de V, donde coincidimos con más gente. La conversación, que discurría en torno a ¡esta juventud de hoy en día! (tema, por cierto, aburridísimo para mí: ¡como si hubiéramos sido nosotros unos santos!), derivó en los columpios, al parecer, peligrosos para las crianzas. Hablaban de todas esas atracciones por las que juegan los niños y que yo no conocí en mi niñez. ¿Todas? ¡No! Alguien habló del tobogán y ¡zas! La neurona que conecta el presente con lo ya olvidado se activó en mi cabecita. Mariposas en el estómago, como las del enamoramiento.
Mi otra abuela, la paterna, vivía —y vive— en Puebla de Sanabria. A su casa acudíamos a comer algún que otro domingo. Y, mientras la conversación retornaba a ¡esta juventud de hoy!, recordé la sopa de mi abuela en Puebla, los cinco duros de regalo y la carrera, como un miura en San Fermín, hacia el castillo gritando ¡Al tobogán, al tobogán!, ¡al tobogán, al tobogán!, ¡al tobogán...!
Ayer me vi niño, me recordé perfectamente niño corriendo. Recordé la alegría enorme e inefable con que llegaba hasta las escaleritas. Y recordé cómo esperaba a que mi madre se pusiera al otro extremo para recogerme al final del descenso. Recordé el olor del lugar. Recordé que el tobogán estaba desgastadísimo por los muchos años y los muchos niños transcurridos por él. Recordé que un día se había gastado tanto la pista de descenso, que al final estaba roto y, por lo tanto, inútil ya para siempre, y no pude tirarme más.
Y me di cuenta de que nada se olvida para siempre.
¡Al tobogán, al tobogán!
Por: Duarte Manzalvos | Paternidad | Comentarios (5) | Referencias (0)
Felicitaciones de nuevo por este post, es estupendo, has hecho que recuperase también mis sensaciones sobre los columpios infantiles.
Recientemente comentaba con un amigo lo desangelados que están los parques de ahora, antes teníamos un montón de sitios a los que subirnos y dar vueltas toda la tarde sin aburrirnos, sin embargo hoy, "por seguridad", apenas puedes ver en ellos un par de toboganes...
sonia | 22-08-2005 13:57:01
Tal vez los de PlayStation saquen un videojuego para jugar al tobogán, jejeje... (río por no llorar.)
Duarte Manzalvos | 23-08-2005 12:33:06
SALUDOS DESDE EL CARIBE. CONMOVEDORA CRÓNICA DE
REMEMBRANZA ACERCA DE ESE PERÍODO QUE TODOS AÑORAMOS. LA INFANCIA. HE RECORDADO LA MÍA. TAMBIÉN EN PROVINCIAS.
zenia | 24-08-2005 14:19:01
No imaginas "el tobogán" de recuerdos, que me traen los dos columpios de hierro de la huerta de tus abuelos en Manzalvos.Tus prima, Cristina, Fátima, y yo crecimos encima de esos columpios rojos que chirriaban más que nuestros gritos y correrias.Qué importantes y bonitos son esos recuerdos de infancia, es cierto que no se olvida nada, ni el olor de la huerta, ni la estampa del pozo donde lavaban las mujeres. Era un lugar perfecto y lo recuerdo con mucha ternura. Un saludo y te felicito por tu paternidad inminente. Isabel Espiritusanto
Maribel ( filla do peixe) | 17-12-2005 18:29:50
¡Maribel!
¡Qué alegría saber de ti!
A horta chea de fruto, os columpios cheos de meniños, o pozo cheo de agua... E nós, cheos de vida por alí enredando e crecendo. E agora cheos de recordos.
Un bico e moitas gracias.
Adriano, o meu fillo, nacéu o día dazanove de decembro. Todo foi fenomenal. Feliz 2006.
Duarte | 04-01-2006 13:10:30
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